LA CASA DE CARTÓN
LA CASA DE CARTÓN
(Martín Adán)
Es un libro peculiar que me ha llevado en varias ocasiones a releerlo por su gran contenidos de imágenes. Rafael de la Fuente Benavides —el nombre verdadero del autor— nos entrega una obra poética en prosa lo cual no lo encasilla ni en una novela ya que no hay una historia dentro del texto. El mismo autor nos menciona que son pequeñas estampas de Barranco del siglo XX.
CITAS
Mi primer amor tenia doce años y las uñas negras. Mi alma rusa de entonces, en aquel pueblecito de once mil almas y cura publicista, amparó la soledad de la muchacha mas fea con un amor grave, social, sombrío, que era como una penumbra de sesión de congreso internacional obrero. Mi amor era vasto, oscuro, lento, con barbas, anteojos y carpetas, con incidentes súbitos, con doce idiomas, con acechos de la policía, con problemas de muchos lados. Ella me decía, al ponerse en sexo: Eres socialista. Y su almita de educanda de monjas europeas se abría como un devocionario intimo por la parte que trata del pecado mortal.
Mi primer amor se iba de mí, espantada de mi socialismo y mi lotería. "No vayan a ser todos socialista...". Y ella se prometió darse al primer cristiano viejo que pasara, aunque éste no llegara a los doce años. Solo ya, me aparte de los problemas sumos y me enamore verdaderamente de mi primer amor. Sentí una necesidad agónica toxicomaníaca, de inhalar, hasta reventarme los pulmones, el olor de ella; olor de escuelita, de tinta china, de encierro, de sol de patio, de papel del estado, de anilina, de tocuyo vestido a flor de piel —olor de la tinta china, flaco y negro—, casi un tiralíneas de ébano, fantasma de vacaciones... Y esto era mi primer amor.
Mi segundo amor tenia quince años de edad. Una llorona con la dentadura perdida, con trenzas de cáñamo, con pecas en todo el cuerpo, sin familia, sin ideas, demasiado futura, excesivamente femenina. Fui rival de un muñeco de trapo y celuloide que no hacia sino reírse de mi con una bocaza pilluela y estúpida. Tuve que entender un sinfín de cosas perfectamente ininteligibles. Tuve que decir un sinfín de cosas perfectamente indecibles. Tuve que salir bien en los exámenes, con veinte —nota sospechosa, vergonzosa, ridícula, una gallina delante de un huevo—. Tuve que verla a ella mimar a sus muñecas. Tuve que oirla llorar por mi. Tuve que chupar caramelos de todos los colores y sabores. Mi segundo amor me abandono como en un tango: Un malevo...
Mi tercer amor tenia los ojos lindos, y las piernas muy coquetas, casi cocotas. Hubo que leer a Fray Luis de León y a Carolina Invernizzio. Peregrina muchacha... no sé por qué se enamoró de mí. Me consolé de su decisión irrevocable de ser amiga mía después de haber sido casi mi amante, con las doce faltas de ortografía de su ultima carta.
Mi cuarto amor fue Catita.
Mi quinto amor fue una muchacha sucia con quien pequé casi en la noche, casi en el mar. El recuerdo de ella huele como ella olía, a sombra de cinema, a perro mojado, a ropa interior, a repostería, a pan caliente, olores superpuestos y, en si mismos, individualmente, casi desagradables, como las capas de la tortas, ¡enjible, merengue, etcétera. La suma de olores hacia de ella una verdadera tentacion de seminarista. Sucia, sucia, sucia... Mi primer pecado mortal...(p. 35-37)
Adán, M. (1961). La casa de cartón. Ediciones nuevo mundo
%20%20Episodios%20narrativos,%20prosas%20po%C3%A9ticas,%20imagenes%20hermosas,%20Barranco%20y%20el%20amor%20adolescente%20como%20tel%C3%B3n%20de%20fondo_%20Di%20Catita_.jpg)

Comentarios
Publicar un comentario